Capítulo Cuatro

El Otro

 
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Para hablar de la obra de Bernardo Oyarzún hay que considerar varios indicadores o ítems, tanto de su biografía personal, como de la historia de América y la historia del mundo.

Su obra no tuvo gran impacto o visibilidad a finales de los 80 cuando sale de la Universidad. Y no es que haya sido por las características de su práctica artística o porque recién Chile estaba saliendo de la dictadura. Simplemente la repercusión de un hecho muy particular, mal llamado anécdota, cambia el curso de la carrera del artista.

 

En 1998 caminando por la Avenida Vicuña Mackenna, fue interceptado e interrogado por Carabineros de Chile, siendo llevado por sospecha de un delito a un careo con la víctima quien no lo reconoció. Esto, junto a la constante molestia y discriminación que experimentó Bernardo en su niñez y adolescencia por sus características físicas: bajo, de tez morena, y con rasgos que develan su origen. “Bajo sospecha” es una instalación del mismo año, con tres gigantografías que emulan las fotos de criminalística, más otra del retrato hablado del sospechoso del delito por el cual había sido detenido el artista, además de una serie llamada “La Parentela” con retratos fotográficos de familiares, amigos y vecinos.

 
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Algunos años después, hace la performance “Proporciones del Cuerpo” donde es él mismo quien representa al Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, pero con sus propias medidas y proporciones, que nada tendrían que ver con este ideal de proporción y armonía del Renacimiento y el mundo anglosajón. Sobre su cuerpo desnudo se iban proyectando adjetivos y apelativos en tono peyorativo del vocabulario popular nacional refiriéndose al color de piel, etnia u otras características. Esta acción sería registrada para luego mostrarse en cajas de luz, bajo el nombre “Antropometrías” .
En la serie de 21 retratos retocados en Photoshop del 2008, “Cosmética”, Bernardo Oyarzún se presenta a sí mismo modificando sus rasgos físicos propios de un hombre chileno y con ascendencia mapuche. De ojos café a ojos azules, de pelo oscuro a rubio, de tez morena a blanca; con poses y planos que citan además a un fetichismo en los cánones sociales y culturales de la población y la mass media.

 

¿Por qué se niegan los rasgos propios del aborigen parte de nuestra identidad?

 

La obra del chileno desea dar cuenta de un fenómeno nacional frente a la realidad del mestizaje tan propia de toda Latinoamérica, y donde se intenta acceder a una superioridad mediante el “blanqueamiento” de la sociedad y los individuos, negando así, nuestra real identidad y conformación que se ha forjado desde la Colonia, período en el que el concepto de raza no tenía el significado que adquiere en la modernidad y el que conocemos hoy también. Sino que tenía que ver con una pureza en el linaje, donde no debían haber judíos, moros o herejes, condición asentada por la Inquisición. En ese mismo sentido, y siguiendo los dichos de Kant, los nativos americanos eran considerados inferiores, y los mestizos, bastardos. El enaltecimiento de la raza blanca nada tiene que ver con la realidad americana, sino con conceptos impuestos por el mundo europeo conquistador, e incluso por la filosofía europea. ¿Cuáles son las razones de esta adopción de jerarquías de linaje en nuestro contexto? ¿Por qué se niegan los rasgos propios del aborigen parte de nuestra identidad? ¿Por qué se desea eliminar el rastro mestizo y seguir un canon estético casi renacentista que nada tiene que ver con la América nativa?

 
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El último y más importante trabajo de Bernardo Oyarzún es “Werken” , trabajo para la representación nacional del Pabellón Chileno en la 57th International Art Exhibition – La Biennale Di Venezia, 2017. “Werken”, personaje central en la cultura Mapuche es mensajero en muchos sentidos, conciliador de la palabra, representante de una comunidad y mediador para los conflictos, y no es el único que puede llevar una máscara, pero sí es quien mejor la lleva, tal cual representante del rostro y voz mapuche.

Está conformada por 1500 máscaras elevadas con pedestales a la altura de la mirada, agrupadas y distribuidas en forma circular. Es un recorrido sin principio ni fin que puede hipnotizar al mirar entre todas las máscaras y tratar de obtener una visión que atraviese esta aglomeración, como si se quisiera lograr capturar las muchas y distintas expresiones que representan. Estas piezas llamadas kollong o kollón, son acompañadas por líneas de textos LED en rojo dispuestos en las murallas, donde van pasando repetidamente 6906 apellidos mapuches que aún siguen existiendo.

 
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“Werken” es mensajero en muchos sentidos, conciliador de la palabra, representante de una comunidad y mediador de conflictos

 

Imágenes cortesía del artista